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El catalán que va a implantarse un barómetro para predecir el tiempo: “Quiero ser cíborg

Diséñate a ti mismo”. Así resume su objetivo la Fundación Cíborg, una plataforma que se creó hace siete años en Barcelona para reivindicar el derecho a implantarse tecnología en el cuerpo sin una razón médica que lo justifique. Lejos de limitar su labor al campo teórico, sus promotores ya han ayudado en los últimos años a varias personas a “expandir sus sentidos y habilidades” mediante la cibernética, convirtiéndose así en los primeros “cíborgs” del mundo.

Según explican desde la organización, uno de los últimos en interesarse por este movimiento en España ha sido Manel Muñoz, un estudiante de fotografía de 20 años que vive en Barcelona y planea implantarse un barómetro en la oreja para predecir el tiempo. “Es algo a lo que no estamos acostumbrados, pero no es tanta ciencia ficción como parece”, asegura el joven a Teknautas. Su idea de desarrollar “un nuevo sentido” se remonta al pasado noviembre, cuando comenzó un proyecto fotográfico en el que se mezclan los conceptos de tecnología y naturaleza. “Al final fue como, ¡hostia!, estoy muy flipado con en esto del hombre y la máquina y realmente la culminación es que yo me convierta en el hombre-máquina. Me chifla, me cierra todo”.

A falta de terminar el diseño del dispositivo y encontrar un médico que se lo implante, Manel aclara que su funcionamiento será similar al de un barómetro convencional. “Tenemos que pensar en cómo se adapta al cuerpo, porque no se trata de mirar unos números en una pantalla, sino de que genere en mí una sensación que yo sea capaz de asociar a un nivel de presión”, explica. “Imaginemos que el aparato consiste en dos válvulas que pueden acercarse o alejarse, haciéndome sentir más o menos presión en el medio. En función de la fuerza que ejerzan, tendré que relacionarlo con un valor o con otro. Ahí está el trabajo mental”.

De hecho, dentro del movimiento cíborg resulta crucial el papel que juega el cerebro para diferenciar sus dispositivos de los conocidos como ‘wearables’, es decir, de los aparatos electrónicos que se utilizan como una prenda cualquiera: relojes inteligentes, zapatillas de deportes con GPS incorporado, pulseras que controlan nuestro estado de salud…

Frente a este tipo de herramientas, sus diseños exigen que el mecanismo no se pueda quitar y poner y genere en todo momento una sensación que la persona sea capaz de interpretar. Basándose en este razonamiento, personas como Manel defienden que la tecnología forma parte de su cuerpo como si se tratase un nuevo órgano.

“Primero voy a instalármelo en las orejas, no implantármelo, porque así podré ver cómo el cuerpo se va adaptando al nuevo input. Lo más probable es que sean cuatro aparatos circulares que se situarán en el contorno de cada oreja”, señala. “Lo que tenemos que hacer ahora es desarrollar la programación del software, ver si quiero modificarlo una vez montado y hacerlo más pequeño para implantármelo. Esto último exige además encontrar un material biocompatible con el que envolverlo”. En lo que se refiere a los tiempos que va a seguir su proyecto, Manel apunta a que todavía es demasiado pronto para fijar una fecha exacta. “No te sabría decir…. Para implantármelo meses, pero quizá menos“.

En este sentido, la mayor dificultad a la que se enfrenta es la de encontrar profesionales que estén dispuestos a diseñar el aparato y participar en la cirugía correspondiente. “Hay muchas barreras en cuanto a la implantación de tecnología en el cuerpo y buscamosmétodos un poco secretos”, reconoce el estudiante. “He contactado con un grupo llamado DIYBIO Barcelona que lo que hace es llevar la ciencia a casa, pero su ética no encaja con esto de la implantación. Por eso trabajamos con alumnos de robótica e informática, porque al ser más jóvenes tienen menos barreras”, explica.

A la hora de superar este escollo, personas como Manel cuentan con la ayuda Neil Harbisson (33 años) y Moon Ribas (32), los activistas que crearon la Fundación Cíborg en 2010. “Yo me he encontrado bastante rechazo por parte de mi entorno, pero ellos me proporcionan los contactos y me echan una mano con los gastos económicos. Desde que descubrí la fundación, se podría decir que casi vivo con ellos“, afirma el joven.

Neil y Moon, los ‘cerebros’ del mundo cíborg

En el caso de Neil, nacido en Londres pero residente en Barcelona, el interés por “desarrollar nuevos órganos” se explica en parte porque padece acromatopsia, enfermedad que solo le permite ver la realidad en blanco, negro y gris. Para contrarrestar esta anomalía visual, hace 13 años se atornilló una antena en el cráneo con la que “escucha los colores”, ya que el dispositivo detecta el espectro de luz que hay frente a él y se lo transmite en forma de sonido. Neil es además la primera persona del mundo que logró ser reconocida por un gobierno (el británico) como cíborg, objetivo que alcanzó en 2004 tras negarse a aparecer en la fotografía de su pasaporte sin la antena.

“Tanto el dispositivo como el sentido del color están en constante evolución y desde que me lo implanté en 2004 han ido de percibir el espectro visible a percibir el espectro invisible, que incluye infrarrojos y ultravioleta. También he añadido conexión a internet vía Bluetooth, lo que entre otras cosas me sirve para recibir fotografías de satélites y escuchar los colores que hay en el Espacio”, explica a este diario. A día de hoy, cinco personas en el mundo, uno en cada continente, tienen permiso para enviarle imágenes, sonidos o vídeos directamente a la cabeza. De esta manera, lo que comenzó como una forma de paliar su enfermedad ha acabado desarrollando una serie de capacidades que superan las del sentido de la vistaconvencional.

Por otra parte, Moon Ribas, activista de Mataró y cofundadora de la organización, también se erige como uno de los máximos exponentes del mundo cíborg. En torno a 2008, la activista diseñó unos pendientes que le permitían detectar cualquier movimiento frente a ella y, dependiendo del intervalo de vibración que ejercían sobre sus orejas, saber a qué velocidad se desplazaba el objeto correspondiente. Tras un tiempo de experimentación, Moon descubrió que al girar los pendientes podía percibir lo que tenía detrás, ampliando así su percepción espacial a 360 grados. “Se convirtió en un radar”, resume Neil.

En 2012, Moon fue un paso más allá al implantarse un sensor sísmico en el brazo que, gracias a la conexión a internet con la que cuenta, le permite sentir los terremotos que tienen lugar a miles de kilómetros de distancia mediante vibraciones. A diferencia de la antena de Neil, en la que parte del dispositivo queda en el exterior de su cabeza y puede captar información por sí sola, el sensor de Moon resulta inútil sin los datos que le envían estos sismógrafos. “Ahora está desarrollando otro órgano pare percibir los lunamotos, que es la actividad sísmica de la luna”, señala Neil.

Dada su experiencia, ambos decidieron crear la Fundación Cíborg en 2010. “Uno de nuestros objetivos es defender el derecho de los cíborgs a diseñarse a sí mismo y, por otro lado, luchamos para que estos nuevos órganos sean considerados como tales. Así, si alguien daña mi antena, no será considerado daño a la propiedad, sino agresión física”, argumenta Neil. “Tarde o temprano algún país aceptará estas cirugías y nos iremos allí. Tal vez sea un país pequeño, pero por el momento parece que los más abiertos a las cirugías trans-especie son las autoridades de Japón”.

Mientras tanto, uno de los secretos mejor guardados por la organización es el de los médicos que colaboran con ellos. “Tenemos una red de doctores que están dispuestos a hacer cirugías trans-especie, pero de forma anónima”, explica Neil. “Hay referentes del pasado, como las cirugías transgenero de los años 50 y 60, en las que había doctores en Dinamarca que hacían las operaciones y muchos no lo reconocieron públicamente hasta su jubilación”, señala. Aunque El Confidencial se ha puesto en contacto con la Organización Médica Colegial para preguntarles al respecto, desde la insitución apuntan a que no tienen una opinión concreta porque “es un tema que no ha abordado todavía la Comisión de Deontología”.

El ‘camino rápido’ para convertirse en cíborgs

El concepto de cíborg es tan amplio que Neil diferencia varios niveles en función de las características del implante: “Uno es el subdermal, en el que todo queda debajo de la piel, como el de Moon. Otro es el transdermal, en el que parte queda dentro y parte fuera, como mi antena. Y por último están los explantes, que son los que están pegados a la piel”. Dentro de este último grupo, cabe subrayar la labor de Cyborg Nest, una organización británica que ha diseñado un dispositivo que te permite saber dónde está el norte.

El aparato, que ya está a la venta por 425 dólares, puede anclarse a la piel mediante piercings y vibra cuando está orientado hacia el norte, dando lugar a un sentido similar al que presentan algunos animales . “Se recomienda colocarlo en la zona pectoral, en la parte superior del tronco. En mi caso, después de hablar con Cyborg Nest y con la experta en ese tipo de pendientes, hemos decidido hacerlo en el pectoral derecho para que esté en la misma dirección en la que los músculos se tensan y destensan”, explica Jordi Puy, un catalán de 40 años que ya ha comprado el dispositivo y planea implantárselo en septiembre.

“La elección no es mía, simplemente es el sentido que ha puesto a disposición la compañía. Si yo pudiera decidir probablemente elegiría algún otro, pero eso me exigiría investigar, encontrar los equipos técnicos que lo desarrollasen…”, reconoce. De hecho, esta es la gran ventaja que ofrece Cyborg Nest frente al resto de competidores: la sencillez del proceso. De todos modos, Jordi no descarta optar por otros “órganos” en un futuro: “¿Desarrollar otros sentidos? Seguro que lo haré. Viendo cómo están avanzando estos temas todos vamos a tener sentidos implantados y van a ser más que uno. La pregunta es cuándo, no si va a ser así o no”.

De hecho, la principal razón que alega a la hora de explicar por qué se quiere convertir en cíborg no es la de convertirse en un “superhombre”, sino la de ser la punta de lanza de este movimiento. “Es por esa sensación de excitación ante lo desconocido, por la oportunidad de ser los primeros exploradores… Abrir camino, eso es lo que quiero”, asegura.

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